9/4/08

Stella Alpina ’07. Crónica de un Viaje de Subidas y Bajadas. (I)

Esta aventura comenzó en el mismo momento en que Ferran y yo abrimos los mapas para ver si nos poníamos de acuerdo en elegir la ruta de ida a la concentra. Eran las 12 de la noche en casa de Laura y Ferran, a las 04:00 nos levantamos y todavía quedaban cosas por hacer… Menos mal que Laura nos hizo la cena, que si no, aún estaríamos liados. Gracias por esto y por dejarme dormir en vuestra casa, jeje.
Al fin, después de acabar de atar unos pulpos en la Transalp y tener en mente que seguro que nos olvidábamos algo, salimos a las 05:45 dirección Sils donde nos aguardaban Lluis y Jose. Nada mas coger la carretera de curvas que enlaza con la directa a Sils, Ferran le metió buen ritmo a la cosa. Esa sería la tónica durante todo el viaje: muchas curvas a muy, muy buen ritmo. En menos de 50 km fuimos capaces de perdemos y no acertamos a encontrar una indicación para Girona. Pues empezamos bien, no me quiero ni imaginar por esas carreteras perdidas de Francia. Una vez llegados al punto de encuentro, saludos, risas, unas fotos y nos pusimos en marcha los 4 jinetes.
Sobre las 7 y pico salimos de La Jonquera, almorzados y con los depósitos llenos. Esa sería la última vez que llenábamos combustible al precio más barato, aunque más adelante nos daríamos cuenta de que nos están tomando el pelo en España y que en Francia no es tan cara la gasofa, teniendo en cuenta que el sueldo medio es más elevado que aquí. ¡Viva España!
El comienzo de la ruta fue bastante tranquilo, discurriendo por la N-9 con destino Beziers, a un ritmo legal. Al llegar a esta población dejaríamos las nacionales hasta la tarde, que sería más o menos la mitad de la ruta.
Al comienzo, las carreteras secundarias eran bastantes rectilíneas, pero a medida que nos adentrábamos en el interior de Francia se empezaban a retorcer. Aquí es donde se inicia el trastorno de personalidad motero de estos 4 personajes de la historia. A medida que nos íbamos acercando a los puertos de montaña y a los profundos valles, el ritmo de viaje se volvía cada vez más veloz, desafiando en cada curva a la misma gravedad y a la adherencia de los neumáticos. Un ritmo que curiosamente imprimía siempre el primero que cogía el turno para guiarnos por las carreteras y que ninguno de los demás osaba criticar, más bien al contrario, acechábamos a la zaga para que no lo bajara. Era cómico ver como en las zonas de parada para consulta de mapa y cambio de guía, se sucedían los comentarios sobre bajar, esta vez sí, el ritmo ya que íbamos cargados como burros. ¡Ja! A mi me entró la risa nerviosa más de una vez, cuando iba en la cola del grupo, al ver como tumbábamos rápidamente y con una precisión tal sobre carreteras que no habíamos pisado en la vida. Debe ser por los muchos kilómetros que hemos hecho a lo largo de nuestra vida y lo bien compenetrados que vamos cuando llevamos el cuchillo en la boca. Eso sí, el asfalto perfecto, limpio en su inmensa mayoría y con muy buen agarre, y sobretodo muy buen rollo con casi todos los demás usuarios de la carretera.
Allí en Francia, el concepto de civismo en la conducción se lleva a buen término, y prácticamente todos los vehículos que asolábamos se apartaban del camino para dejarnos pasar. Por lo tanto, como se debe, correspondíamos al acto con un saludo con la mano o con el pie. Así acabamos hasta las narices del buen rollo de apartarse y saludar, porque era una acción constante. Y también con los moteros franceses. Mucho se debería aprender en España de la supuesta solidaridad que se está perdiendo año tras año por nuestras vías. Allí todo el mundo saluda, ya sea adelantándote (cosa que ocurrió poquísimo, jeje) o cruzándote, hasta por la autovía. Igualito que aquí, ¿verdad? que le cuesta a la gente hasta levantar los dedos del puño para darte un miserable saludo de cortesía. Mucho dominguero de verano es lo que hay por estas carreteras.
A este ritmo llegamos a un pueblo llamado Alès, en donde como buenos moteros hispanos que somos, nos decidimos a parar a comer a pie de carretera en un bonito prado de hierva fresca y sombras que servía de nudo entre varias carreteras. Allí degustamos nuestras viandas caseras envueltas en papel de aluminio y fiambreras, allí descansamos del calor y aireamos nuestros calcetines sudados en la fresca brisa y allí tuvimos el primer percance serio del viaje. Aprovechando la parada engrasé la cadena de mi V, apoyando el caballete central en el arcén, sin darme cuenta que del intenso calor que hacía el asfalto sin compactar de esta zona estaba muy derretido. Así, al cabo de unos minutos después de la operación se oyó un trompazo y mi moto, cargada hasta los topes se fue a parar al suelo. Afortunadamente los daños fueron menos de los que se podían haber esperado y sólo se rompió el retrovisor derecho (menos mal que no fue el otro), se desajustó el carenado y el portamaletas. Nada más, así que continuamos la marcha hacia nuestro destino con la sensación de que se podía haber ido todo a tomar por saco por una chorrada.
El calor se hacía cada vez más sofocante y más adelante paramos a descansar y hacer unas pocas fotos en una zona realmente bonita y turística: Les Gorges de l’Ardèche. Paramos a ver el espectáculo de la naturaleza en un puerto de montaña muy concurrido en una carretera retorcida y plagada de coches y caravanas que iban y venían de los campings de la zona y de los accesos al angosto río que con el paso de los muchos millones de años fue horadado la roca hasta darle ese caprichoso aspecto. Lo más curioso de todo el paisaje era un enorme puente natural de unos 30 metros de altura (igual exagero un poco pero podéis ver fotos…), el Pont d’Arc, por el que transcurría el río y en el que en sus orillas de fina arena plantaban las toallas decenas de bañistas, a lo largo del afluente. Impresionante ver como la gente se tiraba de unas alturas considerables desde este arco de piedra. Aquí coincidimos todos en la falta de tiempo con el que contábamos para realizar el recorrido, porque hubiese sido estupendo haber podido hacer una parada de al menos un día para disfrutar de la zona con tranquilidad. ¡Ahí queda eso, apuntadlo para otra ocasión!
El rigor de los calores afectó un poco a Jose y decidió seguir adelante por esas carreteras perdidas de la mano de dios, sin la chaqueta y luciendo un estupendo palmito con una camiseta sin mangas al más puro estilo cow-boy. Igual pensaba que iba sobre alguna de sus añoradas custom ¡Ya le vale al vaquero!
Tiempo más tarde nos perdimos en un reliado tramo de carreteras comarcales, nacionales y autopistas, dividiendo el grupo en dos. Por suerte conseguimos volver a juntarnos, tras perder una media hora y un poco de paciencia por parte de todos. A partir de aquí seguimos la ruta por nacionales, la 94 y la 994 que no dejaríamos hasta llegar a la frontera con Francia. Fue bonito poder recordar algunos tramos preciosos de esta vía, que lejos de tratarse de una carretera rectilínea, es un magnífico tramo de curvas rapidísimamente entrelazadas que ofrecen una muy alta velocidad media. La otra vez que la recorrí iba con una BMW F-650 e iba a lo que me daba la máquina. Ahora, en cambio pude disfrutar de una conducción más relajada, sobretodo para el motor y centrarme exclusivamente en las trazadas sin hacerle mucho caso al cuentarrevoluciones. Caso contrario para mis compañeros que aunque llevaban unas potentes trails bicilíndricas, no dejaban de ser eso, trails sobre carreteras rápidas. No obstante, nada impidió que nos lo pasáramos de puta madre. Como anécdota del frenesí que llevábamos, comentar que ni a Ferran ni a Lluis les funcionaba el cuentakilómetros y ya cerca de Italia, en una bajada pronunciadísima pude ver como le sacábamos las pegatinas a una moto que adelantamos, más otros 4 coches de una misma tacada, a unos 140 km/h (o más) según el reloj de mi moto, y eso que yo iba el último ¡eh!
El cansancio general se notaba y con ello, las ganas de llegar se acentuaban, por lo que si todas las horas de viaje anteriores las podíamos calificar de intensas, ahora se convertían en frenéticas. En un largísimo puerto de montaña que nos llevaba al límite con Italia, después de Briançon, el ritmo se convirtió en infernal y me quedé acojonado de ver como comenzamos a adelantar a coches y autocaravanas de forma casi demencial. Yo seguía yendo a la cola y gracias a que disponía de más potencia en mi cacharro porque sino les hubiese perdido el rastro en menos de tres curvas. Aquello dio miedo, mucho miedo y me acordé de la invitación que hice a varios colegas míos que no tenían mucha experiencia para que nos acompañaran en esta aventurilla. Menos mal que no se apuntaron, se habría convertido en un drama, je.Por fin llegamos a Oulx, ya en Italia y allí perdimos otra media hora más en descubrir como carajo teníamos que salir de ese pueblo y que carretera coger para llegar a Bardonecchia. Pero fue lo de menos porque cuando alcanzamos este último y tras celebrar nuestra triunfal llegada con unas cervecitas, tardamos más de una hora en encontrar el maldito camino para subir a la montaña.
Estuvimos preguntando a todo el mundo pero nadie parecía saber exactamente donde quedaba el sitio. Unos nos mandaban para aquí, otros para allí y otros se encogían de hombros. Yo me lié la manta a la cabeza y me largué por un camino que salía del pueblo y que creía recordar como bueno. Cuando volví con el rabo entre las piernas me encontré a mis compis junto con un hombre del pueblo que no sólo sí sabía donde estaba el lugar sino que insistió en acompañarnos con su coche. Gracias al detalle de este buen hombre conseguimos enlazar con el camino de tierra que nos separaba por unas pocas decenas de kilómetros de nuestra meta definitiva. Para colmo de desgracias, la Transalp de Ferran comenzó a dar la nota y se quedó sin batería para poder arrancarla. A partir de aquí y en adelante, lo tendríamos que hacer empujando. Como molaba eso de que se nos quedara la gente mirando, nosotros tan bien equipados y con estas motos tan excelentes, muy orgullosos de nuestra condición de moteros para acabar arrancando a empujón una de las motos. Siempre acabamos tirando el glamour pos los suelos…
A estas alturas yo empezaba a arrastrar una poderosa migraña producida por las cervecitas anteriores (problemillas con excesos en mis años mozos, ja, ja), que justamente llegó a la cumbre en medio de la oscuridad y yo practicando sanamente el enduro con mi VFR por un caminito que no era el más adecuado para una deportiva de carretera, y menos cargado como iba. Los mamones de mis amigos aquí sí se lo pasaron bien, aunque a estas alturas ya estábamos tan reventados que lo único que deseábamos era llegar de una vez por todas a la acampada.
Por fin plantamos las tiendas (yo bajo mi intensa migraña y con cara de muy pocos amigos). El tiempo se nos echaba encima, eran más de las 11 de la noche y aún teníamos que hacer las brasas para la carne que llevábamos desde casa. La tensión acumulada de todo el día estalló en esos momentos, cuando Lluis y Ferran se pusieron a discutir como era la mejor manera de hacer el fuego y la carne. Jose no quiso meterse en el tema (y bien que hizo) y se abstrajo en sus pensamientos y yo por mi parte, bastante tenía que se me estaba empezando a pasar el dolor de cabeza. De todas formas, ahora nos acordamos del momento y nos reímos, sabiendo que siempre pasa lo mismo y que seguirá pasando en futuras excursiones, cuando nos juntemos los zopencos de rigor. Ya sabemos que esto es un problema atávico que viene de lejos, muchos de miles de años atrás cuando el hombre descubrió el fuego y como controlarlo, así que no vamos ahora a cambiar nuestras costumbres ¿no? La cena como cabría esperar, fue espantosa y creo recordar que alguien si comió algo en condiciones, aunque no fui yo, precisamente. Mañana sería un nuevo día y aún nos quedaban muchas aventurillas por delante.

25/3/08

Ofertas en el Lidl.

La semana pasada le tocó por fin a la motocicleta, con equipamiento para el motero y accesorios. Como tenía toda la semana de fiesta en el trabajo –después de todo no está tan mal-, aproveché para llevar el coche al taller para que le practicaran la sangría del mantenimiento –y creo que esta será la última vez que lo haga-, que justamente está la ladito de un centro Lidl. No me corté un pelo y fui a primerísima hora para que no me levantaran las 4 cosillas que me quería pillar. Entré a las 9 y media y es la primera vez que veo a tantos hombres juntos, removiendo y probándose cosas en unos saldos. Fue cómico y hubiese sido un punto hacer una foto del acontecimiento. Los cascos fueron los triunfadores absolutos y vi hasta a una buena maruja mirando las tallas para posiblemente, su hijo o nieto. Gente con carros hasta los topes o buscando como locos sus tallas, en fin, increíble. Yo por mi parte, me llevé una chaqueta muy maja de piel con aspecto motero-rockero, pero para vestir, una camiseta interior –que la otra vez desaparecieron- y un botiquín para llevar debajo del asiento que me hizo gracia. El resto o ya lo tenía o realmente no lo necesitaba. Dentro de lo que cabe no hay que dejarse llevar por la lujuria del consumismo, por muy barato que pueda ser o por la buena calidad. Además, últimamente estoy ampliando de una forma alucinante mi taller con los ofertones de herramientas que aparecen cada dos por tres. Me voy a arruinar...

27/2/08

Lejos

A medida que ha ido avanzando el día me he ido poniendo cada vez más triste, más cansado. Y no sé si estoy triste por el cansancio que llevo, o tal vez sea que estoy cansado de esta tristeza. Incluso en rehabilitación me he sentido decaído, aunque la rodilla ha funcionado bastante bien y queda poco de la tendinitis que arrastro desde hace casi un mes.
Estos días de febrero ya no son lo que eran y no hace prácticamente frío, al menos el que debería hacer para las fechas. Así que en los cortos desplazamientos que realizo en moto por la ciudad, voy con el abatible del casco abierto. Me gusta sentir como el viento ligeramente frío intenta cortar mi cara, me hace sentir vivo, me hace sentir la moto y puedo notar como brota poderosa la potencia de ésta por la salida del escape.
En un semáforo se ha detenido brevemente un tipo vestido de cuero con una Suzuki GS 500 E, el modelo antiguo. Por un momento me he visto a mi mismo reflejado en esa imagen, volviendo del trabajo protegido de las bajas temperaturas. Al marchar me he fijado que su matrícula era extranjera, con un fondo amarillo y por su forma he deducido que posiblemente fuera de las islas británicas.
Entonces es cuando he sentido cierta sensación de envidia. No sé nada sobre la vida de esa persona. Igual no es extranjero, igual no es suya la moto o igual lleva años viviendo aquí pero he fantaseado con la idea de que realmente no estaba acostumbrado a esta asquerosa ciudad y cada día que tenía ocasión de recorrerla, se convertía en una pequeña aventura para él.
Llegando a mi destino me he entristecido más aún al tener que dejar la moto en el garaje y volver a mi casa, que me recuerda que para mí el día ya hace rato que se ha acabado y lo siguiente que ocurrirá es que tendré que levantarme en una nueva jornada, cuando ni siquiera los pájaros se han despertado.
En ese momento es cuando he deseado poder estar en otro sitio, en otra ciudad desconocida, en otro país extraño, recorriendo kilómetros sin ningún destino aparente, con un propósito que sólo mi corazón conozca. Poder dejar por un instante eterno esta monotonía, esta vida de mierda y esta ciudad que me acosa y que me absorbe, con su locura de tráfico, con sus caras grises, con sus prisas y sus idas y venidas, con su estrés y sus bocinazos. Poder dejar esto que cada día me entristece más. Poder estar muy lejos de aquí.

8/2/08

Madrugar Hace Daño

Este lunes he comenzado a trabajar después del parón de un mes y medio tras la operación de rodilla. Se me ha hecho duro, la verdad, pegarme el madrugón. Otra vez el mismo recorrido entre polígonos para llegar al trabajo, de noche. Y cuando cojo el pequeño tramo de comarcal que me une a mi zona industrial veo un montón de luces de colores, son pirulos de la policía y ambulancia. Están atendiendo a alguien que está en el suelo. Yace en medio de la carretera y han montado un sistema para que lo vayamos esquivando. Inmediatamente veo una Bandit 400 roja tirada en la cuneta, aunque tiene pinta de que la han dejado apoyada con cuidado. Definitivamente, para este tipo hoy no ha sido un buen comienzo del día. Ya es jodido de por sí meterse una ostia, ¡pero es que son sólo las 7 y media de la mañana!

24/12/07

La XJ Seisymedio (II)




La curiosidad fue demasiado atractiva. No pude resistirme y un fin de semana de Julio se me ocurrió que era un buen día para ver que le pasaba a la moto. La cara de feliz que se me debió de quedar cuando di con el fallo de la caja de cambios. El tiempo invertido fue de una horita con mucha tranquilidad. El coste fue de 0 €. Ahora podía decir sin problemas que había adquirido una moto funcionando por sólo 100 €. Flipante. Inicialmente, mis sospechas iban encaminadas hacia los muelles del selector de velocidades o algún fallo que impedía el libre movimiento de las palancas interiores. Así que desmonté el reenvío del pie y abrí la tapa del cárter de la caja de cambios. Aparentemente todo estaba bien y en su sitio. No quería imaginarme que el problema pudiera venir del interior, de los engranajes del cambio. Así que empecé a pensar y pensar como funcionaba aquello o como debería funcionar si todo estuviera en su sitio. Hasta que fui montando las cosas, marcha atrás y viendo si funcionaban. Y así acabé montando el reenvío de nuevo y conseguí meter la 2ª, la 3ª, la 4ª y la 5ª velocidad. Porque hay que ser muy cazurro para montar el reenvío mal y hacer que choque con el cárter. Y es que era eso lo que le habían hecho a la pobre moto. ¿Y la querían llevar al desguace por aquel error? ¿Y el mecánico aquel quería cobrar sobre 500 € por la reparación? ¡Me parece increíble!
Como lo de las goteras del techo llevaba para tiempo, monté de nuevo todo lo que había desmontado de la XJ y la dejé apartada en la pared. Otra vez a esperar… Mientras tanto hice una lista de las cosas que debía rehabilitar para su correcto funcionamiento y poder pasar la ITV sin problemas. En un principio, en plan punky, la moto podía seguir tirando unos buenos kilómetros sin muchas complicaciones pero estaba el factor ITV, ya que no tendría el permiso de circulación de Tráfico hasta que no presentara los papeles conforme había pasado la prueba satisfactoriamente. Y sin el permiso, tampoco hay seguro. De manera que ya que teníamos que hacer unos arreglitos, nos pondríamos tontos y la dejaríamos de puta madre. El listado lo encabezaba la compra de una nueva junta para la tapa del cambio, y seguía con la puesta al día que le debían a esa moto desde hacía más de 10 años: engrase y lubricación general de partes móviles, renovación del aceite de la horquilla, renovación del líquido de frenos y palanca nueva, cambio de aceite motor y filtro, cambio de filtro de aire, cambio de aceite del cardan, neumático trasero nuevo, batería nueva, inspección del reglaje de válvulas y limpieza y sincronización de los carburadores. Para esto último estoy pendiente de comprar un vacuómetro en una tienda on-line. De todas formas, lo de la junta de la tapa del cambio tuvo guasa porque los de Yamaha se tiraron más de 2 meses en vendérmela. En España no había, en Holanda se había agotado también y la tenían que traer de Japón. Eso sí, me dijeron que no había problemas de recambios, que en Japón había de todo pero claro, igual tardaban un huevo en traerlo porque se esperaban a hacer un pedido grande, por el tema de portes. ¡Hay que joderse! A todo esto, decidí definitivamente que me quedaría con esta vieja dama para darle lo que merecía desde el mismo momento en que salió por la puerta del concesionario, por el año 1983: mucho cariño, un buen mantenimiento y muchos kilómetros que devorar. Para eso había nacido y para eso había llegado a mis manos.



4/11/07

La XJ Seisymedio.


El 19 de Abril me llama Rubén y me dice que tiene un compañero de curro que va a dar de baja una moto, por no sabe qué problemas con la caja de cambios. Dice que como a mi me gustan los hierros antiguos y esta, por lo visto es del 82, igual me interesa. Debe ser que la gente ya me ve como a una vieja de estas que se dedica a recoger animales perdidos. Me da el teléfono del personaje en cuestión para que me ponga en contacto con él.
El día siguiente voy a ver la moto con Ikki, que me acompaña en coche. Es una Yamaha XJ 650, con maletas Krauser y otra central, en un estado aparentemente, bastante dejado. Miro el kilometraje y marca unos 33.000 km. Venga ya, si en la chapa de identificación, en efecto pone que es del año 82. Voy mirando detallitos de uso que me desvelan que tiene más kilómetros recorridos de los que declara, es imposible que prácticamente no la hayan movido en todos estos años. Vamos bien. Por fin viene el dueño, un tal Pere, que no tiene ni pajolera de motos y sólo la quiere para ir al trabajo. Se la vendió hace poco tiempo uno de sus jefes por 4 duros y le dijo que se tiró 10 años parada por el susto de una caída. Seguimos, pues, con la típica historia de que no se ha usado casi nunca. Me comenta que sólo entra la 1ª velocidad y el punto muerto y que le dijo un mecánico que le costaría sobre 400-500 € arreglarla. Obviamente, Pere se lo pensó 3 segundos y dijo que para la basura se iba, la puta moto. Así que ahí estaba yo, decidiendo si quedarme o no con ese glorioso hierro. El colega, además tiene la desfachatez de pedirme 100 € por ella, que sino llama a un amigo urbano suyo (parece que todo el mundo tiene amigos influyentes menos yo) y se la llevan ya mismo al desguace, que el tío lo que quiere es sacársela de encima lo antes posible. Me río por dentro y con cara de póquer le contesto que si me la regala, de puta madre, pero que yo no pago ni un duro por el cacharro ese. Bastante tengo con pagar el impuesto de circulación y el cambio de nombre, que ya se van a 100 €, más la reparación, para que encima intente sacar un beneficio. Además, y esto lo hago muy serio, le digo que si quiere ahora mismo llamo a la Guardia Urbana y mañana ya se la han llevado, sin necesidad de tener ningún amiguete metido allí. Que no me vacile con eso, por favor. Pere que se lo piensa, esta vez un poco más, y me dice que vale, pero que lo haga lo antes posible porque no la quiere tener en la calle mucho tiempo. No sé que perra tiene el tipo cogida por mandarla a paseo con tantas prisas. Le tranquilizo, como un auténtico profesional de la compra-venta, diciéndole que el mismo Lunes le llamo para pedirle los papeles necesarios, que el Martes por la mañana voy a la Campana a hacer el cambio de nombre y arreglar el tema de la ITV (porque además, no os he dicho que tampoco la tiene pasada) y que esa misma tarde me la llevo con viento fresco. Todo correcto.
El jueves 26 pasaba a mí poder y me la llevaba de ese barrio de no muy buena reputación en 1ª, recalentándola y quemando aceite mientras me escoltaba Moni con su Scoopy. Y el Sábado de esa misma semana, Damián me dejaba su remolque para llevarla a El Garaje. Todo controlado.
Ese fin de semana me doy cuenta de que la historia-leyenda que me había contado Pere sobre la moto realmente podría tener fundamentos. Miro y remiro la moto de adelante a atrás, por dentro de los recovecos, con detenimiento, esta vez sin las prisas de la calle y me voy convenciendo de dos cosas: de que la moto sí que tiene solamente 33.000 km y de que yo no soy tan versado en la materia como pensaba. Siempre hay alguna cosa que te puede llegar a sorprender.
Mi idea original era ver que carajo le pasaba a la caja de cambios, arreglarla lo antes posible, adecentarla y decidir que hacer con ella: o la vendía y seguía su destino incierto, o me la quedaba y su destino quedaba sentenciado a devorar kilómetros. Fueron pasando los meses sin saber lo que albergaba el cambio por culpa de la maldita gotera que tenía el techo de El Garaje. Como soy un tío muy pijoteras con mis reparaciones y herramientas, me da mucho por el saco tener que estar siempre a medias, así que esperé pacientemente a que acabaran de arreglar de una puñetera vez esa grieta que hacía que se me inundara todo cada vez que llovía. La espera duró meses.

27/10/07

Como un Niño con Zapatos Nuevos.

Noviembre, 2006:
-¿Qué quieres para el día de Reyes?
-Unas botas de Gore para ir en moto…
Enero, 2007:
-Toma tu regalito.
-¡Olé, pasta para las botas!
Septiembre, 2007:
-¿Todavía no te has comprado las botas?
-Sí, lo sé, se me va a juntar con el regalo de año que viene…

Hoy por fin me he comprado las dichosas botas, después de buscar y buscar, dada mi famosa manía de encontrar el producto perfecto para mis circunstancias, hasta en Andorra. De hecho, allí encontré unas Sidi que me gustaban mucho, pero no tenían mi número en la tienda de Andorra la Vella y tenía que ir hasta el Pas de la Casa, en la frontera con Francia, donde sí tenían un par para mí. Eran las 7 y media y ya no me daba tiempo. Esto fue por Julio y hasta esta semana no se me ocurrió volver a llamar a la tienda. Claro, ahora que vuelve el frío y me entra por las perneras del pantalón. Obviamente ya no las tenían, ¡igual pensaba que me las estaban guardando!
Así que he metido el pantalón de cuero en la maleta y me he ido con el dinero en la cartera a buscar las botas por las tiendas de la ciudad. Y en la segunda tienda las he encontrado, de mi número, con las características lo más cercanas a las que buscaba y que entraban bien con los pantalones. Son unas TCX (antigua marca Oxtar) y definitivamente, me han convencido.

He ido a casa de Ikki a comer y que mejor forma de probarlas que iéndo allí en moto. Después de la opípara comida, se me ha ocurrido perderme por unas carreteritas que salen por detrás de Terrasssa, y así de paso, redondear un poco los neumáticos, que se me están aplanando de ir a trabajar por la autopista. Llevaba la chaqueta, los guantes, la braga, el depósito lleno… y las botas. He acabado dando la vuelta en Monistrol, para volver a casa, pero subiendo por la Rabassada, ya de noche. Me lo he pasado bien, muy espontáneo. La moto, increíblemente bien, como siempre. Y las botas… de fábula. Muy cómodas y buen tacto. Al principio resbalaban en la zona del puente, sobre las estriberas. Pero más adelante, ya han empezado a agarrar mejor. Seguramente debe ser por alguna película protectora que se le hecha sobre la goma, como a los neumáticos, para conservarlos, y que hasta que no se quita patinan bastante. De todas formas, la prueba definitiva vendrá más adelante, con más frío y con lluvia. Entonces comprobaremos las virtudes del Gore-Tex.

Ahora ya sé qué quiero para los próximos Reyes: unos guantes de Gore, jeje.