De nuevo a seleccionar un buen puñado de carreteras alternativas para regresar, esta vez hacia el suroeste. El clima se comportó y nosotros imprimimos un buen ritmo de velocidad media, subiendo y bajando puertos de montaña, adentrándonos en tupidos bosques y recorriendo mesetas que nos permitían admirar un estupendo paisaje. Como siempre con prisas, no pudimos disfrutar más de los encantadores pueblos y rincones con los que nos encontrábamos constantemente y en la mente de todos quedó grabada la promesa de volver otra vez con mucho más tiempo para recorrerlo todo palmo a palmo.
Pasando otra vez por Alès, Lluis decidió que se acercaría a coger la autopista para llegar lo antes posible a casa, pues sus responsabilidades como padre le apretaban. Ferran y yo, por nuestra parte no teníamos tanta prisa y optamos por seguir por secundarias hasta Beziers, donde cogeríamos la nacional del primer día, dirección Barcelona.
Una vez en la nacional, el único contratiempo que nos surgió fue de nuevo el error al calcular la gasolina y otra vez nos vimos en la tesitura de canjear dinero por gasolina en un centro comercial, faltándonos solamente unos 150 km para llegar a la frontera. Afortunadamente, con las pintas que llevábamos y la cara de angelitos desesperados que poníamos, poca gente pensaría que los intentáramos timar. Creo que la próxima vez que vayamos fuera de España nos llevaremos unos bidones con unos 10 litros extras, para no tener que ir siempre sufriendo.
Sobre las 23:00 pasábamos cerca de la casa de Lluis y días después nos enteraríamos de que él había llegado sobre las 22:00, así que tampoco nos implicó tanta demora el seguir por secundarias y nacionales, además del dinero que nos ahorramos en peajes. Casi dos horas más tarde llegaba a casa, reventado pero supersatisfecho por el viaje y por haber compartido esos buenos momentos con mis amigos y por lo magníficamente bien que se había portado mi VFR, toda una campeona.
En total fueron 3 días maravillosos, del 7 al 9 de julio, recorriendo sobre 2.000 km, de los cuales unos 1.400 fueron por carreteras secundarias. Toda una pequeña aventura en un mundo de motoristas en el que sólo oyes hablar de trayectos por autopista, velocidades punta y potencia a raudales. Desde aquí, la Peña Moto Basura siempre reivindicará el romanticismo de perdernos por esos rincones encantadores y disfrutar, con unos buenos planos y no con el fastidioso GPS, de esas maravillosas carreteras que aún nos están llamando para que las exploremos con nuestras incansables motocicletas, sean de la cilindrada que sean y sin importarnos la potencia ni el tipo de moto.
Más fotografías del viaje aquí.
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